Comprueba siempre los horarios de los lunes. Muchos museos y monumentos pueden cerrar los lunes o tener horarios diferentes según la temporada. Antes de organizar una ruta alrededor de una visita concreta, compruébalo en su web oficial. Además, muchos lugares turísticos cierran temprano, tipo a las 17:00.
Los restaurantes suelen servir comida durante todo el día. A diferencia de España, es habitual encontrar restaurantes con la cocina funcionando desde el mediodía hasta la noche, sin una pausa larga entre comida y cena. Comer a las 16:00 o cenar a las 18:00 no suele ser ningún problema.
Para taxis, mejor usa una app. En las grandes ciudades, Bolt o Uber te permiten conocer el precio aproximado de antemano y evitan muchos malentendidos con taxis cogidos directamente en la calle.
El inglés te servirá bastante. En ciudades y zonas turísticas es habitual encontrar gente que habla inglés, especialmente entre los jóvenes. En pueblos pequeños puede ser más complicado, pero normalmente conseguirás entenderte si hablas español, ya que igual que el rumano, son lenguas del latín con muchas palabras similares.
La propina no es obligatoria, pero es habitual. En restaurantes es común dejar alrededor de un 10 % cuando el servicio ha sido bueno. En muchos establecimientos puedes añadirla directamente al pagar con tarjeta. Dejar propina es prácticamente una norma no escrita.

No te fíes únicamente de las atracciones famosas. Algunos de mis lugares favoritos de Rumanía están a pocos kilómetros de los sitios turísticos principales y reciben una fracción de sus visitantes. Si ves una fortaleza, un pueblo o un monasterio interesante por el camino, investígalo antes de descartarlo.
Pregunta a la gente local. En pueblos y pensiuni, preguntar “¿qué visitarías tú por aquí?” puede acabar llevándote a miradores, restaurantes o lugares que solo son conocidos por locales. Pero no olvides que un rumano más enamorado de su país que yo, no existe, y en mis guías he volcado todo mi conocimiento de joyas escondidas y consejos muy detallados.
Comprueba el aparcamiento antes de dejar el coche. En muchas ciudades el pago se hace por app, SMS o parquímetro y las normas cambian según la zona. Si no ves ninguna señal, pregunta sin miedo a alguien por la calle y te ayudarán.
No esperes que todos los pueblos turísticos estén llenos de servicios. Puedes visitar un lugar precioso y descubrir que apenas tiene un restaurante o una tienda abierta. Lo ideal es planearlo de antemano y sobre todo, estar pendiente de la gasolina, que no siempre encontrarás una gasolinera en tu zona.
No des dinero a los mendigos. Ya quedan cada vez más pocos en Rumanía, porque muchos se han ido a Barcelona, París, Roma... Pero si te viene alguien a pedir dinero o intentar vender algo por la calle, no lo hagas. Normalmente son mafias de romaníes (gitanos) que viven de lo que mendigan y roban. Seguro que si viajas muchos días, acabarás viendo sus mansiones con techos brillantes y a medio construir, estropeando el paisaje...
